Cuando hablamos de ansiedad social, se nos suele olvidar demasiado a menudo que también somos biología.

¿No has sentido muchas veces que es tu cuerpo el que te traiciona justo en el momento más inoportuno? Empieza a temblar, a sudar, se sonroja, te entran ganas de vomitar, te bloqueas…

Tu experiencia te dice que no querer sentir ansiedad no es suficiente para no sentirla. Quizá alguna vez te has preguntado por qué.

Por eso, en el post de hoy toca mirar hacia dentro. Vamos a hablar de neuroquímica, de neuroanatomía y de algunos procesos fisiológicos que te van a ayudar a entender qué le pasa a tu cerebro cuando sientes ansiedad social y  por qué tu cuerpo reacciona como lo hace en situaciones sociales.

Serotonina: el neurotransmisor sospechoso

La idea más extendida (que seguramente ya habrás escuchado) es la teoría del desequilibrio químico.

Según esta teoría, muchos de los problemas de salud mental tienen que ver con tener altos o bajos niveles de tal o cual neurotransmisor.

En concreto, en la ansiedad social se dice que las personas que la sufren presentan bajos niveles de serotonina, y que la solución está en tomar fármacos que la regulen.

De estos fármacos, los más conocidos son los inhibidores de recaptación de serotoninaparoxetina, escitalopram, fluoxetina o citalopram. Son recetados en la consulta de la mayoría de los psiquiatras, y muchas personas con ansiedad social han probado uno o varios de estos medicamentos a lo largo de su vida. Algunas los toman durante años, o incluso décadas.

Sin embargo, y esto es lo que llama la atención: a pesar de ser una teoría muy respaldada por médicos y poco cuestionada por la población en general, no ha sido realmente demostrada.

De hecho, un estudio publicado en 2015 en la revista JAMA Psychiatry, ha encontrado resultados que la contradicen. Según estos investigadores, es un exceso de serotonina lo que podría desencadenar la fobia social. O sea que no sólo no reduce la ansiedad, sino que la crea.

¿Se trata entonces de un exceso o un déficit de serotonina?

Incluso hay quien se cuestiona: ¿es el desequilibrio neuroquímico causa o efecto de la ansiedad social?

La amígdala: la jefa del miedo 

Imagen: Life Science Database(LSDB)

Hablar de cerebro y ansiedad social es hablar, sí o sí, de la amígdala.

Esta pequeña estructura cerebral (que forma parte del sistema límbico) es conocida por ser nuestro centro del miedo. Podríamos decir que es algo así como nuestro particular guardacostas; el que ante cualquier señal de posible peligro, nos pone en alerta.

Es clave para nuestra supervivencia, y también tiene mucho que ver con la ansiedad social.

Se ha comprobado que las personas con ansiedad social tienen una amígdala hiper-reactiva. Es decir, que se activa a mayor velocidad y con mayor intensidad que el de personas no ansiosas.

¿Cómo se traduce la actividad de la amígdala en tu vida?

De muchas maneras. Vamos a hablar de cuatro de ellas:

1.   Sobre-reaccionas a los estímulos

El hecho de que tu cerebro esté fisiológicamente diseñado para sobre-reaccionar ante ciertos estímulos puede explicar algunos de los síntomas de la ansiedad social.

Varios estudios han encontrado que las expresiones faciales negativas, la mirada humana y la atención social (-incluso la positiva-), activan los circuitos neuronales del miedo de las personas con ansiedad social.

Esto hace que vivas como amenazas cosas que no lo son porque, a diferencia de otras personas que consiguen tener una amígdala calmada la mayor parte del tiempo, la tuya está constantemente activada.

2.   La memoria emocional te juega malas pasadas

Para el cerebro, no todos los recuerdos son iguales. Aquellas experiencias que han despertado en nosotros una reacción emocional (-sea buena o mala-) quedan grabadas y almacenadas en la amígdala.

¿Recuerdas aquella vez en la que te sentiste muy avergonzado por algo de lo que hiciste o dijiste?

Seguramente, sí. Porque cuanto más intensa es la emoción, más profunda es su huella en la memoria y más difícil es borrarla.

Son ese tipo de recuerdos que uno quiere olvidar, pero no puede.

Tal vez sí elimines ciertos detalles del contexto, de lo que se dijo o lo que se hizo, pero no lo que sentiste.

Esa reacción emocional aprendida vuelve cada vez que te encuentras en una situación mínimamente similar a aquella que viviste en el pasado. Algo recupera el recuerdo, se activa tu amígdala y reaparece la angustia y la ansiedad.

Por eso, si esta respuesta automática se repite, llega un punto en que cuando tienes que enfrentarte a la situación a la que anclaste tu miedo original (dar una charla, ir a un lugar donde no conoces a nadie o la que sea), te anticipas a la ansiedad que vas a sentir y tratas de evitarla.

Sabes que tu amígdala puede volver a hacértelo pasar mal.

3.  La ansiedad bloquea el pensamiento

Cuando estamos gobernados por la amígdala, no hay espacio para la lógica ni el razonamiento.

¿No te ha pasado nunca que estando en pleno pico de ansiedad social no sabías qué hacer ni qué decir?

Tu mente estaba bloqueada.

En esos momentos de tensión emocional, se dan reacciones fisiológicas en cadena que producen una especie de “atasco” neurológico. Toda la energía se pone en los sentidos y deja sin recursos a la memoria operativa (la que te permite procesar y recuperar la información para tomar decisiones racionales).

Literalmente, no te deja pensar.

Si has experimentado esa horrible sensación de bloqueo mental sabrás que, en esos instantes, puedes no ser capaz ni de hacer un simple nudo. (Ejemplo real rescatado de uno de los comentarios escritos en el artículo: cómo superar la ansiedad en el trabajo)

4. Te desmoronas con más facilidad bajo presión

La respuesta de estrés agudo detiene la mente momentáneamente. Y el estrés mantenido de manera continuada, también tiene importantes efectos en el cerebro.

Tener altos niveles de cortisol durante mucho tiempo, aumenta la reactividad de tu amígdala, y ésta –a su vez- influye en cómo reaccionas al estrés. Te vuelves más sensible y cualquier pequeña tensión, te colapsa.

El neocórtex: el aliado

Si la amígdala se ha ganado el papel de “la mala” en esta película, el neocórtex podríamos decir que es “el bueno”. El que nos ayuda a tener bajo control nuestras emociones de miedo.

Imagina una carretera con dos rutas; una corta y otra larga. La corta es el atajo que toma la información que nos llega a través de los sentidos cuando va directamente del tálamo a la amígdala. Y la larga, en cambio, la que hace una parada previa por la corteza cerebral (el neocórtex).

Para que lo entiendas…

La primera es la que nos hace saltar del sillón cuando oímos un ruido por la noche, y la segunda la que evalúa más detenidamente qué ha podido ser y con la que nos damos cuenta de si es o no una amenaza. ¿Es un ladrón o la vecina de arriba metiendo ruido a deshoras?

Volviendo a hablar en términos cerebrales: la corteza cerebral es la que frena las señales de nuestra amígdala hiper-reactiva. Nuestro mejor aliado para calmar la ansiedad.

Esto es muy importante porque, -como hemos visto antes-, si bien es cierto que el miedo original grabado en la amígdala no se puede borrar del todo, sí que podemos ejercer cierto control sobre él y aprender nuevos patrones de respuesta.

El neocórtex nos demuestra que se puede reentrenar a nuestro cerebro y que no estamos condenados por la ansiedad.

Nos enseña a no salir huyendo cuando estamos sintiendo una punzada inicial de ansiedad en esa fiesta, charla, reunión o cualquiera que sea la situación que la provoca.

***

Conocer la influencia de la biología en la ansiedad social, ¿te desanima?, ¿te libera?, o ¿te ayuda?


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4 Comentarios

  1. Bueno, no está mal eso de conocer nuestro funcionamiento. Todos los que hemos padecido de ansiedad en algun momento hemos aprendido a lidiar con nuestro cuerpo. Pero es difícil, muy difícil. Está bien conocer los límites de nuestro cerebro, para prevenirlos y más importante aún, para no forzarnos. Pero cuando todo se descontrola…no hay explicación que valga.
    Hace poco, a causa de mi situación laboral, cogí la baja por ansiedad. Para mí fue una situación muy incómoda. Recuerdo ir al médico por unas migrañas horribles que ya me acechaban durante meses, pero que habían ido empeorando hasta dejarme en la cama. Y romper a llorar como una descosida en la consulta. El médico me dio la baja inmediatamente, mientras me explicó todos los pormenores de la ansiedad y me consoló como pudo. Me recetó analgésicos, relaja tes musculares, ansiolíticos y antidepresivos. Me sorprendió con qué ligereza se dan estas pastillas y me pregunté si, quizás, yo estaba calculando mal la situación, y todas esas cefaleas y vomitas que sufría eran causa del estrés de una mala época o es que tenía una depresión de tres pares de narices y no lo sabía. Pensaba que eso solo te lo recetaban en salud mental.
    La cuestión es que no he tomado la medicación, aparte de los analgésicos porque me da miedo. Y me reincorporé en cuanto pude levantarme de la cama porque tengo la sensación de estar huyendo de mis problemas. No sé hasta qué punto, o no, estoy haciendo lo correcto. He decidido ir a un psicólogo para ver si puede ayudarme, aun no he tenido la primera visita.
    Qué pensáis? La medicación puede me ayudaría a sobrellevar esta situacion? Me ayuda a reaccionar mejor para enfrentarme a la situación desagradable que vivo todos los días cuando voy a trabajar? O es un parche que no me beneficia en absoluto?

    • La medicación nos puede ayudar a estar un poco más fuertes para enfrentarnos a la situación, pero no soluciona el problema. Yo suelo decir que es como una muleta; que si nos hemos roto el pie, la necesitamos, pero que una vez que se ha recuperado, pierde su función y puede ser incluso perjudicial. Por eso, Ali, si tú estás siendo capaz de hacerle frente a la situación sin medicación, mejor. Pero si en un momento dado crees que la necesitas, no pasa nada por recurrir a ello. Eso sí, con precaución. Yo te diría que siempre que lo hagas como una ayuda temporal, no como algo permanente de lo que depender. Un abrazo

  2. gracias por la informacion que brindan. creo que me ayudo a conocer algo de lo que pasa en mi interior.muy interesante.Saludos.

  3. Yo tuve mi gran época de escapista. No podía saber nada con el tema de la responsabilidad laboral ni nada. A los 22 me diagnosticaron toc. ( lo tenía desde los 11) , la pase muy mal. Sabia que algo andaba mal en mi pero no sabia que era.
    Termine mi secundaria y mi terciaria en artes y nunca supe que hacer con mi vida. Me escapaba de las oportunidades laborales por el pánico de ser responsable. Ni hablar de la docencia.
    Finalmente pude encontrar un trabajo donde empecé muy de abajo y gracias a mis habilidades organizativas. ( producto del ser obsesivo) cada vez me fueron dando mas y mas y mas responsabilidades. Al punto que organizo casi todo. La cosa es que ya esto empezó a repercutir en mi trastorno. Provocandome mucha ansiedad. Insomnio, miedo. Justo en la epoca que estaba dejando la unica medicación que tomaba. La paroxerina.
    La cosa es que comenzado este año estoy atravesando un problema.familiar que me llevo a la depresión. Volví a mi trabajo de estas vacaciones donde no descanse nada. y no tengo energías para arrancar todo de nuevo. Sumado a esto no creo poder hacerme cargo de todas las responsabilidades que injustamente me han ido agregando por años.
    Pedi una charla con todos mis jefes y veremos que pasa. El tema es que si debo cambiar de trabajo. Ya que en este llevo 6 años y es mas lo que doy que lo que recibo a cambio y esto me tiene mas que cansado y desmotivado.
    Pero ademas estoy muy bajoneado por mi situación familiar y ni contar que ya tengo 35 años y no va a ser fácil conseguir otro trabajo.
    Que se yo. Me siento medio entre la espada y la pared.
    Nomas buscaba comentarlo y que sepan que somos muchísimos los que tenemos diferentes trastornos y que si. la pasamos mal. Y que por ahí nadie lo nota. Y nadie nota el esfuerzo enorme que hacemos. Yo personalmente considero que para las personas que tenemos estos trastornos de ansiedad. Que tanto nos cuesta todo. Un pequeño pasito hay que verlo como un gran logro. Yo me siento orgulloso de todo lo que logre en mi trabajo. Mas allá que nunca se me reconoció monetareamente.
    Pero buen ahora estoy en una situación que no se si tendré el animo y la fuerza para volver a aguantar otro año mas. Y ya lo dije tengo mucho temor de buscar otro trabajo. Las dificultades de los ansiosos. Les dejo un saludo a todos y a tratar de siempre avanzar en este duro camino.

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