comparación social

Dicen que las comparaciones son odiosas pero lo cierto es que nos guste o no (y aunque nos cueste reconocerlo) todos somos víctimas y verdugos de ellas. Nadie escapa a la comparación social.

Me temo que tú tampoco.

Haz memoria. Seguro que a lo largo de tu vida has recibido mensajes de comparación desde todos los frentes: Los padres. La escuela. Tu grupo de amigos y amigas. El jefe. La televisión-el cine-las revistas. Los compañeros de trabajo. La familia. Y hasta de tu vecina del cuarto.

Desde que nacemos, nos bombardean. Y cuando crecemos, la cosa no cambia mucho.

Es cierto que puedes desoír los comentarios de los demás pero, aún así, la cuestión no es tan simple porque la tendencia a la comparación no siempre viene de fuera. Si te paras a pensarlo, seguro que en muchas ocasiones también te has sorprendido a ti mismo/a comparándote con los demás. ¿O no?.

La verdad es que nos comparan -y nos comparamos- en casi todo: atractivo físico, inteligencia, habilidades, defectos, rendimiento académico,  éxito profesional y un largo etcétera. Cualquier aspecto de ti o de tu vida es susceptible de ser objeto de comparación.

Y eso tiene dos caras: Puede traer cosas positivas. O puede traer dolor.

Hoy quiero hablarte de todo ello y encontrar los puntos que conectan la comparación social con la ansiedad social. Sin entrar en juicios sobre si es bueno o malo compararse con los demás, vamos a intentar entender por qué lo hacemos y cómo nos sentimos cuando lo hacemos.  

Dame un voto de confianza y verás que esto también va contigo.

Por qué nos comparamos con los demás

Razones hay muchas. No tantas como estrellas en el cielo. Pero muchas.

Te comparas, por ejemplo:

  • Para saber cómo te tienes que comportar en una situación social nueva. El refranero popular es muy sabio y ya recoge esta idea con el clásico: “Allá donde fueres, haz lo que vieres”.
  • Para aprender o mejorar en algo. Copiar en los exámenes está feo pero, en otros muchos contextos, mirar al de al lado para fijarte en cómo lo hace, puede ser la mejor manera de aprender.
  • Para buscar motivación o consuelo. Según lo que toque y necesites.

Seguro que se te ocurren otros tantos motivos por los que alguien puede caer en la comparación. En realidad, todas las posibles razones (-las útiles, las positivas y las dañinas-) se pueden reducir a una sola explicación: Nos comparamos porque estamos diseñados para hacerlo.

Nuestro cerebro es una máquina de comparación. Y lo es porque serlo es clave para nuestra supervivencia. Necesitamos a los otros como puntos de referencia- como espejos- para conocernos y para adaptarnos socialmente.

Así de simple: Nos comparamos con los demás porque es parte de nuestra naturaleza humana. Igual que pensamos, soñamos, decidimos … comparamos.

Es algo muy humano. Aunque no sólo humano. Mira cómo se las gasta este mono cuando ve que al otro le dan unas ricas uvas y a él no:

Según cómo te compares, así te verás. Y te sentirás.

¿Alguna vez te has quedado hecho una mierdecilla después de estar con ese amigo o amiga a la que todo le va siempre tan bien?

¿Has sentido alivio cuando estabas preocupado por algo y has visto que otra persona estaba en tu misma situación o peor?

O… ¿Te has inventado alguna excusa para no ir a la comida de antiguos compañeros del colegio porque sabes que, inevitablemente, vais a entrar en el juego de qué tan bien o mal le va la vida a cada uno?

Quizá no te sientas identificado con estas situaciones concretas que te he planteado pero has vivido otras que, aunque distintas en la forma, encierran la misma raíz: La comparación social tiene el poder de desencadenar en ti emociones positivas y negativas.  

Todo depende de con quién te compares y cómo lo hagas.

Comparación social hacia arriba


Compararte con personas que están en mejores circunstancias que las tuyas o que consideras mejores que tú en algún aspecto que valoras (conocimientos, forma de ser, estilo de vida…)

Este tipo de comparación es muy habitual y, casi siempre, injusta. Yo lo veo como un combate de boxeo entre un peso pesado y un peso pluma. En el cuadrilátero se enfrentan sus fortalezas y su aparente felicidad versus tus limitaciones y tu vida imperfecta. Difícil que salgas ganando.

Seguro que te resulta familiar este vídeo:

Es innegable que las redes sociales allanan el camino a la comparación: Ver tantas vidas ajenas felices te hace preguntarte ¡qué haces tú con estos pelos! (con miles de preocupaciones y sin una vida brillante que mostrar). Suena en tono jocoso pero la verdad es que no es un asunto superficial. Se ha demostrado que las vidas de otros en Facebook pueden favorecer los síntomas depresivos.

Pero no corras a cerrar tu cuenta de facebook. El problema habrás intuido que no es la herramienta sino la actitud que adoptas ante las comparaciones (las del mundo on-line y las del off-line).

Dicho en fácil: Salir mal parado cuando te comparas con otra persona puede ser motivo de envidia, vergüenza, inseguridad, desánimo, infelicidad y frustración; o puede ser, justamente todo lo contrario, un chute de energía que te anima a luchar por superarte y mejorar.

Si Neil Amstrong llegó a la luna ¡yo también puedo! O bajando a la tierra: si fulano o mengano ha conseguido vivir de lo que le gusta, me puedo inspirar y fijar en cómo lo ha hecho para conseguirlo yo también.

Comparación social hacia abajo y lateral


Lo de que la comparación hacia arriba nos empuja a luchar por superarnos es verdad. Pero sólo, media verdad. Como decía uno de los mejores profesores que he tenido en la universidad: Lucha quien tiene fuerzas.

A las personas que están pasando por malos momentos y que están emocionalmente menos fuertes, compararse hacia arriba les hace daño. Lejos de servir para aumentar su motivación de logro, les mina la autoestima y les empuja… pero hacia abajo.

Por eso, en esas circunstancias la mayoría de las personas tienden a evitar la comparación hacia arriba y se refugian en la comparaciones laterales o hacia abajo. Esto es:

Compararte con personas que están como tú o con quienes están en peores circunstancias (por tener más problemas, menos habilidades o limitaciones aún mayores que las tuyas). 

No es algo que esté socialmente bien visto y pocos lo admitirán. Pero hay estudios que lo confirman: Las personas con depresión se sienten un poco mejor cuando ven que otros lo hacen peor. Probablemente tú también lo has hecho en alguna ocasión.

Reconozcámoslo: Cuando a todos les va bien -excepto a ti- es difícil mantener el ánimo y el tipo. Necesitamos saber que no somos los únicos que estamos enfangados. Que hay personas que están en el mismo barco o, incluso, gente que está peor.

El que está descontento con su trabajo, mira al que no lo tiene para sentirse afortunado. El tuerto mira al ciego.

Vale. Quizá buscar consuelo en la desgracia ajena no sea algo de lo que enorgullecerse pero ayuda a tomar perspectiva y relativizar nuestros problemas, salvaguarda nuestra autoestima y reduce nuestro malestar.

Ya sabes, “mal de muchos, consuelo de tontos”. O más bien: “mal de muchos, consuelo de todos

¿Y cuáles son los puntos que unen la comparación social y el problema de ansiedad social?

Se sabe que existen diferencias individuales en la tendencia a la comparación social y que, aunque sea cierto que todos nos comparamos, no todos lo hacemos con la misma frecuencia ni nos afecta por igual.

Las personas con ansiedad social somos especialmente sensibles: Hacemos muchas comparaciones y, lo que es peor, las hacemos en nuestra contra. Miramos demasiado a menudo hacia arriba y reforzamos nuestra idea de que no valemos, que no somos lo suficientemente buenos, que no sabemos y que no damos la talla. Endiosamos a los otros y nos empequeñecemos nosotros.

Detrás de muchas de nuestras rarezas está la comparación social. ¿Te has parado a pensar alguna vez por qué unas personas te resultan más ansiógenas que otras? Quizá sea porque te sientes chiquito a su lado. Son muy atractivas o muy inteligentes o tienen mucha facilidad para comunicarse o muy lo que sea que tú no tienes. Y eso te hace sentir más inseguro.

Ves todo lo bueno y nada de malo en los otros. Y viceversa: todo lo malo y nada de bueno en ti.

La comparación como presión social

Incluso aunque tú consigas mantener a raya esa tendencia a compararte con los demás, siempre vendrá alguien de fuera a hacerlo por ti.

A lo largo de nuestra vida recibimos demasiados mensajes de comparación en boca de otros. Y las personas con ansiedad social somos diana fácil para ello.

Por las características propias del problema, no sería inusual que tengas vacíos o agujeros en alguno de los requisitos que la sociedad entiende como normales según la edad que tengas: Tener estudios. Vida social. Trabajo estable. Casa (con hipoteca incluida). Pareja. Y churumbeles.

Si ése es tu caso, seguro que -de tanto en cuanto- no faltará alguien que te recuerde que no tienes ese algo que se supone que deberías tener. ¡Aunque igual tú ni lo quieras! Pero bueno, ése es otro cantar.

***

Se abre el turno de comentarios. ¿En qué te comparas y te comparan? ¿Eres capaz de hacer oídos sordos a las comparaciones o te afecta la presión social? ¿Cómo crees que podemos enfocar la comparación para que no nos haga pupa y sacar la parte positiva de ella? En otro post, te daré mi punto de vista sobre esto último. ¡Dame antes tu opinión! 


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4 Comentarios

  1. Tengo este problema desde niña, ahora me siento peor porque me acaban de nombrar para dirigir un equipo en el que mis subordinados tienen más experiencia y conocimientos que yo, es fatal ser jefa y sentirse en desventaja con la gente que trabaja para ti, por esta razón me siento ansiosa todos los días y aunque soy la que más trabajo tiene y la que se queda más tiempo no logró estar a la altura, a veces siento quem me van a desplazar para poner a una de las personas que trabaja para mí en mi lugar.

    • Las comparaciones en el trabajo son casi inevitables. Queremos hacerlo bien y ser buenos trabajadores, y una de las maneras de saberlo es comparándose con el resto… ¿Lo hacen mejor o peor que yo?, ¿soy el menos productivo?, ¿el que menos hace?, ¿el que menos sabe?. Es díficil de llevar cuando no se sale muy bien parado de esa comparación… Pero yo te diría algo que es objetivo y que creo que no le estás dando importancia: Si te han nombrado a ti para dirigir el equipo es porque te consideran válida para ello. Incluso aunque sea cierto que los demás tengan más experiencia y conocimientos, te han elegido a ti y no a ellos para estar en ese puesto.. Puede que tú reúnas otras cualidades que también valoren mucho (capacidad de liderar, de mediar conflictos, alta responsabilidad…) Valórate tú también

  2. Me describió totalmente el artículo, constanteme me comparo con otros porque a pesar de que termine mi carrera, no tengo trabajo y todos mis amigos, incluso salen de viaje, tienen pareja etc y yo siento que no logro ni he logrado nada. Prefiero evitar verlos porque así no tengo que hablar de mi. Está página es genial. Saludos

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