La fobia social es el tercer trastorno mental más frecuente, después de la depresión y la dependencia alcohólica.

Si esa afirmación es cierta (y lo es) cabría esperar que hubiera cientos de personas llamando y esperando a ser tratadas por este problema en las consultas de los profesionales de la salud mental. Pero la realidad es que no es así. ¿Por qué?

La explicación es simple: la ansiedad social es muy común pero está subdiagnosticada.  

 

La dificultad del diagnóstico  

Si bastara con auscultar para reconocer el problema, sería muy sencillo. Coja aire. Suéltelo. Repita. Ajá. Lo que usted tiene es fobia social.

Bonita fantasía pero lo cierto es que resulta bastante más difícil detectar este tipo de ansiedad. De hecho, es uno de los trastornos más complicados de identificar.

Veamos algunos de los motivos que puedan arrojar luz a esta ceguera:

1. Normal vs Clínico


La inestabilidad laboral, la soltería, pasar vergüenza en algunas situaciones sociales y tener cierto grado de ansiedad cuando se tiene que hablar en público o enfrentarse a un examen… no es algo extraordinario. ¿A cuántas personas conoces que no hayan pasado, al menos una vez, por ello?. Imagino que pocas, muy pocas. Todo el mundo, o casi todo el mundo, hemos tenido que pasar por ese tipo de situaciones en algún momento de nuestras vidas. Y ahí está precisamente el peligro.

Si tu fobia te impide salir a la calle, tener amigos, seguir unos estudios, trabajar y estás totalmente aislado… nadie duda. 1+1=2.

Pero cuando la ansiedad social no es muy severa y te permite llevar una vida dentro de lo que se considera como normalizada, tus problemas se pueden confundir con los problemas que puntualmente puede tener cualquier persona.

A ojos de los demás y, lo que es peor, a tus propios ojos.

Ésta puede ser la razón por la que suelen pasar muchos años hasta que la persona que lo sufre decide buscar ayuda y por qué, cuando lo hace, a veces se convierte en un peregrinaje de consulta en consulta.

Algunos profesionales caen en el error de minimizar la gravedad del problema y no son capaces de leer entre líneas para ver que detrás de dificultades comunes, se esconde la fobia social. Lo atribuyen a falta de habilidades sociales, a baja autoestima o a desánimo y se limitan a trabajar únicamente esos aspectos.

Mal pronóstico. Aunque las situaciones externas pueden ser las mismas que las de las personas sin fobia social, las razones que te mantienen en ellas son otras, y son justo ésas las que hay que trabajar para conseguir cambios.

No tienes trabajo porque te da pánico enfrentarte a la evaluación de jefes y compañeros; estás soltero/a porque no te crees digno/a de que nadie te quiera; en los exámenes, te bloqueas y no eres capaz de pensar ni razonar… y así, si rascas, puedes ver que tus razones no son las mismas que las de otras personas que están en el paro; ni tu soltería una opción elegida; ni tus nervios, los justos y necesarios para prepararte ante la prueba o reto que tienes delante; ni tus vergüenzas y miedos, iguales a los del resto.

Ver la diferencia entre lo “normal” y lo que cruza la línea que lo convierte en un problema serio, es una de las primeras teclas a tocar.

2. Comorbilidad


Los estudios indican que la fobia social suele asociarse con otros trastornos de ansiedad, del estado de ánimo y con el abuso de sustancias.

Esta comorbilidad puede explicar por qué en algunos casos la fobia social pasa inadvertida ante los profesionales. Muchas de esas patologías, sobre todo en las situaciones más graves, pueden requerir de un tratamiento urgente y una atención mayor.

Los problemas visibles tapan los problemas de fondo.

Si supiéramos cuántos casos de fobia social hay detrás de diagnósticos de depresión, o cuántas adicciones tienen su inicio en la ansiedad social, seguramente nos sorprenderíamos.

3. Falta de preparación de los profesionales


Cuando sales por la puerta de la facultad de psicología con tu título bajo el brazo apenas conoces nada sobre la fobia social.

Se estudia durante los años de la carrera pero, como hay otros trastornos que hacen más ruido y tienen más peso, la fobia social pasa totalmente desapercibida y termina siendo al final una gran desconocida para la mayoría de los profesionales.

Esto pasa factura en la práctica clínica.

Si el psicólogo-psiquiatra al que acudes no tiene un buen conocimiento sobre la fobia social, difícilmente va a saber identificarla y, ni mucho menos, saber tratarla. Podrá ayudarte a mejorar en algunos de los aspectos que influyen en el problema y a veces eso será suficiente pero, en otros muchos casos, no lo será. Pasará por debajo de su radar muchas piezas claves y se corre el riesgo de terminar dando palos de ciego.

Herramientas de evaluación y diagnóstico de la fobia social

Aunque la formación sobre fobia social es a todas luces mejorable, no es menos cierto que, en la práctica real, a los profesionales no les falta herramientas de trabajo.

Cuentan con muchos instrumentos de evaluación específicos para detectar la fobia social y existen clasificaciones internacionales, conocidas como CIE-10 y DSM-V, que recogen criterios concretos de valoración. No te abrumes con las siglas, que no voy a entrar en detalles. Simplemente saber que, polémicas aparte (que las hay), son los manuales en los que se apoyan algunos de los profesionales para llegar al diagnóstico de la fobia social.

Para quien tenga curiosidad por conocer cuáles son esos criterios diagnósticos que manejan los profesionales, os los dejo por aquí. Hace falta contextualizarlo y contar con la formación adecuada para hacer una interpretación correcta así que prudencia.


Fuente: DSM-V (American Psychiatric Association, APA, 2013) – Trastorno de ansiedad social (fobia social)

DSM-VA. Miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas. Algunos ejemplos son las interacciones sociales (p. ej., mantener una conversación, reunirse con personas extrañas), ser observado (p. ej., comiendo o bebiendo) y actuar delante de otras personas (p. ej., dar una charla). Nota: En los niños, la ansiedad se puede producir en las reuniones con individuos de su misma edad y no solamente en la interacción con los adultos.
B. El individuo tiene miedo de actuar de cierta manera o de mostrar síntomas de ansiedad que se valoren negativamente (es decir, que lo humille o avergüencen; que se traduzca en rechazo o que ofenda a otras personas).
C. Las situaciones sociales casi siempre provocan miedo o ansiedad. Nota: En los niños, el miedo o la ansiedad se puede expresar con llanto, rabietas, quedarse paralizados, aferrarse, encogerse o el fracaso de hablar en situaciones sociales.
D. Las situaciones sociales se evitan o resisten con miedo o ansiedad intensa.
E. El miedo o la ansiedad son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.
F. El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses.
G. El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en los social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
H. El miedo, la ansiedad o la evitación no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica.
I. El miedo, la ansiedad o la evitación no se explica mejor por los síntomas de otro trastorno mental, como el trastorno de pánico, el trastorno dismórfico corporal o un trastorno del espectro del autismo.
J. Si existe otra afección médica (p. ej., enfermedad de Parkinson, obesidad, desfiguración debida a quemaduras o lesiones) el miedo, la ansiedad o la evitación está claramente no relacionada o es excesiva.
Especificar si: Sólo actuación: Si el miedo se limita a hablar o actuar en público.


Etiquetas SÍ – Etiquetas NO

Tengo clara mi postura en el debate. Soy una firme enemiga de las etiquetas pero a la vez una firme defensora de la importancia del diagnóstico.

Aunque pueda parecer contradictorio, no lo es. O eso creo.

No se trata de poner etiquetas y reducirlo a ellas sino de ponerle nombre para reconocer el problema y llegar a comprenderlo. A mí, saber que mi problema era la ansiedad social me ayudó a encontrar los por qués a muchas cosas, a ser más benevolente conmigo misma y a marcarme una dirección en la que trabajar.

***

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4 Comentarios

  1. Hola!
    Comparto al 100% tu opinión.
    Cuando estudié educación especial y luego psicología siempre me mostré reacia a utilizar etiquetas. Prefería hablar de síntomas. Para mí no era lo mismo decir “es depresivo” a “se muestra apático” (y más cosas que implican el diagnóstico de depresión), por ejemplo.
    Pero ahora, con mi proyecto sobre la introversión (que la relaciono mucho con el tema que tratas en tu blog), me he dado cuenta de lo importante que fue para mí poder ubicarme dentro de una categoría para entenderme y dejar de verme como una extraterrestre.
    Y estoy de acuerdo contigo: cuando acabamos la carrera no tenemos ni idea de ansiedad social. Al menos yo tampoco la tenía cuando terminé. Y ahora tampoco me considero una experta. Hay herramientas y material, pero a no ser que te especialices por tu cuenta, hay mucha desinformación entre los profesionales.
    Creo que lo mejor son personas como tú, profesionales con experiencia personal y laboral en el tema, implicados, con capacidad para comprender y empatizar con las personas que acudan a ellas.
    Te felicito por tu blog. Confieso que hace tiempo (no recuerdo si me escribiste o me seguiste por alguna red social), eché un vistazo pero no lo valoré como acabo de valorarlo ahora que he vuelto a leerlo con calma.
    Me gustaría mucho que pudiéramos colaborar en alguna ocasión.
    Un saludo,
    Irtha.

    • Hola Irtha! Conozco tu blog desde hace tiempo y también me gusta mucho tu proyecto. Por mi parte, encantada de poder colaborar. Lo hablamos!

  2. Hola me ha gustado mucho tu forma tan empática de explicar la fobia social. Supongo , por lo que he entendido, que la padeces y al tiempo eres psicóloga , luego tu información y comprensión es máxima .
    No sé si ejerces, pero ha sido un gusto leer como explicas con gran humildad el hecho y realidad que un psicólogo poco sabe de esto recién salido de la universidad y que requiere especializarse , la dificultad de dar con el trastorno etc..
    Puedes ayudar muchísimo en tu vivencia y profesión

    Yo tambien escribo un blog pero sobre todo hablo de mi experiencia .

    Se llama Entender la fobia social
    http://fobbisoc.blogspot.com.es

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