¿Cuántas veces has deseado no volver a sentir ansiedad?

Seguramente, muchas (-aunque sepas que no tiene ningún sentido desear tal cosa-)

La ansiedad es una emoción más. La experimentamos todas las personas y cumple una función esencial para nuestra supervivencia: nos anticipa y nos prepara para posibles amenazas, retos y peligros. Así que no, parece que no es muy buena idea por lo visto perder la capacidad de experimentar ansiedad. Ni se puede ni se debe eliminar por completo.

La pregunta es: ¿por qué algo que se supone que es adaptativo y necesario, nos lo hace pasar tan mal? Este vídeo te lo explica de manera muy amena. Échale un ojo.

Si volvemos la mirada hacia nuestro caso particular, veremos que los síntomas de la ansiedad social se dan en tres planos: el físico, el cognitivo y el conductual.


¿Qué siente, piensa y hace una persona con fobia social ante una situación que teme? 


Síntomas físicos

síntomas fobia socialLas reacciones físicas del miedo y la ansiedad son universales. El cuerpo es una maquinaria casi perfecta que funciona por igual en todos.

Cuando detecta una situación de peligro, alerta o estrés, desencadena toda una serie de cambios fisiológicos que nos prepara para intentar salir airosos del brete. Aquello tan oído en el mundo animal de: pelear, huir o inmovilizarse.

El sistema simpático se activa, aumenta la adrenalina en sangre, los músculos se tensan, los procesos digestivos se detienen, desciende la temperatura corporal, aumenta la presión arterial y un sinfín de mecanismos más que entran en juego y que, para ser sincera contigo, a mí se me escapan y no sé explicártelos.

En cualquier caso, lo importante y lo que nos diferencia en esto de los demás, no son tanto los síntomas que experimentamos sino el cuándo y el por qué se activan. Como ya has visto en el vídeo (y si no te lo cuento yo ahora) la respuesta del miedo es buena; el problema viene cuando activamos la palanca de emergencia cuando no toca. Y eso es precisamente lo que hacemos nosotros/as constantemente: sentir amenazas donde no las hay.

La mirada de tu jefe (-o la situación que quieras poner tú aquí-) puede hacer que tu cuerpo reaccione igual que si vieras un león en mitad de la selva: aceleración del ritmo cardíaco, temblores, sudores, escalofríos, tensión muscular… Puede llegar a desembocar incluso en un ataque de pánico cuando la respuesta es muy intensa.

Por suerte, generalmente la activación no es tan extrema y los síntomas físicos de la ansiedad social suelen ser desagradables pero más livianos: boca seca, rubor, náuseas, problemas digestivos, dificultad para concentrarse, agitación motriz, angustia en el pecho, ganas de llorar o insomnio, entre otros.

Si has sentido ansiedad alguna vez, seguro que reconoces esas sensaciones. Son reacciones físicas que se disparan de manera casi automática en aquellas situaciones que has condicionado como amenazantes y que son muy difíciles de controlar. Es como si tu cuerpo fuera por libre y te llevara la delantera.

¿No te ha pasado alguna vez que cuando suena el teléfono y ves que quien llama es alguien que para ti resulta fóbico, tu corazón da un vuelco inmediatamente, te tensionas y descuelgas con voz temblorosa?. Independientemente de cómo de bien o mal vaya la conversación, tu cuerpo en un primer momento, por si acaso, te ha puesto en alerta.

En este sentido, algunas líneas de investigación dan mucho peso a los factores fisiológicos para explicar la ansiedad y buscan en esa dirección posibles formas de tratarla. En este artículo de divulgación y en éste puedes leer sobre ello.

Otros, en cambio, defienden que no es acertado explicar la fobia social reduciéndola únicamente a razones fisiológicas, y lo hacen argumentando que no siempre que alguien se encuentra en un escenario fóbico, se dispara la respuesta autonómica del cuerpo. Mi experiencia propia dice que esto es posible. Me vienen a la cabeza bastantes situaciones en las que apenas he sentido ansiedad física pero sí mucha reactividad cognitiva, que me lo hacía pasar igual de mal. O peor.

Síntomas cognitivos

Muchos de los estudios coinciden en señalar que la característica principal en el inicio y desarrollo de la fobia social es el miedo a la evaluación negativa de los demás. Es nuestra criptonita y el temor sobre lo que pivota todo lo demás:

  • Pensamientos negativos recurrentes del tipo “van a pensar que soy tonto/a”, “seguro que me bloqueo”, “no valgo para esto”, “me voy a poner rojo y se dará cuenta de que me da vergüenza”, “soy un desastre” o “nunca hago nada bien”.
  • Dificultad para pensar, retener información, encontrar palabras, recordar o concentrarse mientras se está afrontando la situación temida.
  • Atención selectiva hacia lo negativo y hacia uno mismo (síntomas propios de ansiedad, errores, señales de desaprobación, etc.)
  • Rumiación posterior. Darle vueltas una y otra vez a lo que ha ido mal o lo que podía haber ido mejor.
  • Subestimación de las propias capacidades y sobreestimación de los fallos.
  • Perfeccionismo y autoexigencia

La tarea de desmontar una a una todas estas creencias irracionales y errores cognitivos es la piedra angular de la mayoría de los tratamientos para superar la fobia social.

Síntomas conductuales

Hay un patrón que se repite. Cuando una persona con ansiedad social sabe que tiene que enfrentarse a alguna de las situaciones que teme, su primer impulso es evitarla. Las conductas de evitación son, de hecho, la conductas reinas en este trastorno. Tiene su explicación.

En muchos casos, el simple hecho de imaginarte ante la situación temida, activa todos los mecanismos de la fobia (te invaden los pensamientos catastrofistas y experimentas las sensaciones físicas desagradables de la ansiedad). Esta angustia anticipatoria te reafirma en tu postura de que hay razones para temer lo peor y te convences de que no vas a ser capaz de salir indemne de la situación si te expones a ella por lo que decides evitarla.

No te engañes. El alivio momentáneo que se siente al saber que te has librado es un potente reforzador pero, a la vez, es un arma de doble filo porque lo que en un primer momento te ayuda, a la larga te perjudica.

Además, no siempre se pueden evitar las situaciones. Somos seres sociales y tenemos que relacionarnos con los otros para vivir.

Por exigencias del guión y por deseo propio, a veces toca enfrentarse a los miedos.

Aunque incluso en estos casos se tiene guardado un as en la manga. Si no puedes huir de la situación y la ansiedad hace acto de presencia, recurres a estrategias de escape para aliviar el malestar: beber alcohol para desinhibirse, no participar en clase, vestir de manera discreta para no llamar la atención, no mirar a los ojos ó  preguntar al otro para no tener que hablar de uno mismo. En esto, ya sabes, cada maestrillo tiene su librillo.

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¿Qué sientes, piensas y haces tú?


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