No hay fórmulas mágicas ni soluciones grandilocuentes. El primer paso para vencer la ansiedad social es el mismo primer paso que hay que dar ante cualquier otro problema. No importa lo grande o pequeño que sea. Para solucionarlo, siempre hay un peaje obligatorio por el que pasar: Reconocer que se tiene el problema. 

Si tú has llegado hasta aquí, se presupone que este primer paso para vencer la ansiedad social ya lo has dado. Sabes que tienes un problema, has identificado cuál es y quieres saber cómo solucionarlo. ¿Sí?.

Atrévete a decirte la verdad, aunque duela

AutoengañoSe suele decir que el ser humano es el único animal capaz de engañarse a sí mismo.

Este curioso fenómeno del autoengaño es una de nuestras mejores armas para proteger y salvaguardar nuestra autoestima. Y está bien porque, en pequeñas dosis, embellecer la realidad y/o restarle crudeza, nos ayuda.

Pero, como todo, esto también tiene una cara B. Cuando la mentira está tan bien construida que nos hace negar la mayor, más que ayudarnos, hace justamente lo contrario; nos pone una venda en los ojos y boicotea nuestras decisiones.

Y es que, para iniciar según qué acciones de cambio, es necesario darse un baño de realidad: ser conscientes del punto en el que estamos y hacia dónde queremos ir. Si nos engañamos en eso, corremos el riesgo de tomar el camino equivocado y llegar o permanecer en sitios donde no queremos estar.

¿Y por qué te cuento todo esto? Porque incluso aunque reconozcas que tienes un problema de ansiedad social, puede que estés cayendo en otro tipo de auto-engaños, más sutiles pero igual de peligrosos.

Éstas son las 3 mentiras típicas que te puedes estar diciendo:

1. No soy yo. Son los demás.


Muchas personas se escudan y se esconden detrás del “no hay mejor defensa que un buen ataque”. Negar el problema, contraatacando.

Si justificas tus dificultades para relacionarte en contextos sociales con argumentos-dardo (“no me entienden”, “son todos falsos y egoístas, no me interesa estar con nadie”, “estoy mejor sólo” o frases del estilo) … estás equivocando el ángulo de tiro.

Ver el mundo como un lugar hostil y buscar culpables fuera, en lugar de asumir responsabilidades propias, no aporta soluciones. Te coloca en una posición victimista ante la vida y sólo añade rabia (la amiga fea del miedo).

Transforma esa rabia en energía para cambiar lo que está en tus manos y habrás dado un paso de gigante. Recuerda que no eres tú contra el mundo. Eres tú contra ti mismo/a.

2. El tiempo lo solucionará


Con 15 años, crees que con 18 cambiarás. Con 18, que lo harás cuando empieces a trabajar. Consigues tu primer empleo y ves que nada cambia. Te convences de que será a partir de los 30, cuando las responsabilidades de la vida adulta te exijan dar un golpetazo en la mesa y dejarte de tonterías de una vez por todas. Pasas los 30 y … ¿Y?

Esperar que la ansiedad social desaparezca por sí sola es una trampa en la que muchos hemos caído y el resultado suele ser desolador. Nos convertimos en espectadores del desfile de días, meses y años sin que nada cambie.

Hay un gran consenso en la literatura científica en este punto: la fobia social puede continuar durante toda la vida si no se trata ni trabaja en ello. Suena a sentencia de muerte pero no lo es. Sólo es una manera de hacerte entender y ver que tienes que tomar las riendas de tu vida y responsabilizarte de ella.

Los problemas no van a desaparecer de un día para otro, así por las buenas, como un golpe de magia, sin esfuerzo ni intención por cambiarlas.

Y aunque fuera así, piensa en la de oportunidades que se te van a escapar y la de cosas que vas a dejar de disfrutar mientras eso sucede.  Es preferible levantarse y tratar de cambiar lo que no quieres o no te gusta en tu vida, que sentarte a esperar un futuro mejor.

3. No puedo cambiar


Te recuerdas siendo así desde hace tanto tiempo que has terminado asumiendo que vas a seguir siéndolo siempre. No puedes cambiar, hagas lo que hagas.

¿Por qué has llegado a este punto?

Según casi todas las propuestas de tratamiento, para superar la ansiedad social es necesario exponerse a las situaciones temidas. Siguen el razonamiento de que si te enfrentas a ello, compruebas que no hay tanto a lo que temer, desactivas las alarmas y le vas perdiendo miedo de a poco.

Tiene mucho sentido. Pero en miedos irracionales como los nuestros, la lógica, a veces, no tiene ni voz ni voto. De hecho, sucede un efecto paradójico: la exposición a las situaciones que nos generan ansiedad puede llegar a ser perjudicial.

¿Qué pasa si lo intentas y no sale bien?, ¿si lo vuelves a intentar y vuelve a salir mal?, ¿si insistes y de nuevo no va bien? Lo que te ha pasado a ti (y a muchos): llegas a la conclusión de que no puedes cambiar por más que te esfuerces y dejas de intentarlo.

Hay un concepto psicológico que explica esta actitud: la indefensión aprendida. En otro post desarrollaremos este tema más en profundidad. De momento, te dejo un cuento que lo ejemplifica de una manera muy fácil de entender: “El elefante encadenado”.

¡Cuidado spoiler! Os adelanto el mensaje final del cuento: Que hasta ahora no hayas sido capaz de cambiar, no quiere decir que no puedas cambiar. Vuelve a intentarlo, vuelve a poner a prueba tu fuerza. No te resignes. Tu única manera de saber si puedes conseguirlo, es intentarlo de nuevo.

Grábatelo como un mantra: Puedo cambiar. Voy a cambiar.

No eches sal a las heridas

Cuando hablamos de que el punto de partida es reconocer que se tiene un problema, hay un matiz importante que no debes pasar por alto: Para salir del hoyo, lo primero es dejar de cavar.

Identifica el problema y sé consciente de tus dificultades pero no seas demasiado duro/a contigo. Las personas que sufrimos ansiedad social somos muy dadas al auto-reproche. Rumiamos los errores del pasado y nos enfadamos con nosotros/as mismos/as por ser como somos. Tenemos una vara de medir demasiado estricta.

Deja de hacerlo. Sólo añade sufrimiento adicional a una situación ya complicada de por sí.

Acción de la semana: Da un repaso por las áreas de tu vida en las que está influyendo la fobia social y que te gustaría cambiar. Haz una lista con todas ellas. Y sé honesto/a contigo al hacerlo, no te mientas.

***

¿Estás dispuesto a pagar el precio del peaje?


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6 Comentarios

  1. Es sumamente difícil asumirlo, pero aquí estamos. Se podria decir que hallé tu blog en el momento adecuado (justo cuando empezaba a excusarme con argumentos rebuscados y falsos). Has dado en el clavo. Y me reconforta ,mas bien alivia mi angustia, lo que acabo de leer.
    ¡¡Muchisimas gracias por compartilo!!

    • ¡No sabes cuánto me alegra saber que he podido ayudar a restarte un poco de angustia!. Todos los que hemos pasado por esto sabemos lo difícil que es. Cualquier cosa que necesites, por aquí me encuentras. Mucho ánimo, Melina.

    • Muchas gracias José! Si quieres estar al tanto de todo, puedes suscribirte al blog y así te llegará un correo cada vez que publique un nuevo artículo (que no suele ser muy a menudo, la verdad).

    • Tantas veces como haga falta, supongo. Habrá batallas que des por vencidas porque no te merezca la pena el esfuerzo pero, desde luego, en otras (las importantes) no queda otra que seguir intentándolo. ¿Conseguir trabajo?, ¿amistades?, ¿pareja?… Sólo tú puedes decidir cuáles son las importantes para ti. Al menos, así lo veo yo.

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