¿Y si te dijera que hay más personas como tú?

Aunque muchas veces te hayas sentido un bicho raro y pienses que nadie entiende tus miedos y tus dificultades; en realidad, el mundo está lleno de escapistas.

No de esos súper hombres y mujeres que consiguen quitarse grilletes sin llave y salir de jaulas de acero… No. El tipo de escapistas que se esconden entre la gente son menos deslumbrantes pero mucho más reales.

Son personas que, sin necesidad de trucos de ilusionismo, han aprendido a escapar de los lugares y las situaciones que temen. Personas a las que, en algún momento, la ansiedad social les ha jugado malas pasadas y les ha hecho la vida cuesta arriba.

Personas como tú. Personas como yo.

Te cuento mi historia

Me llamo Natalia y, a lo largo de mi vida, yo también me las he arreglado para huir de todas las maneras posibles (sentarme en el pupitre de la última fila; inventarme excusas para no ir a según qué planes con amigos; rechazar puestos de trabajo…)

La verdad es que aún no sé muy bien cuándo ni cómo, terminé convirtiéndome en una experta escapista. Una maestra en el estar sin estar y en salir corriendo.

Obviamente, esto me pasó factura.

Con la misma facilidad que evitaba y esquivaba las situaciones que me generaban ansiedad, la lista de experiencias no vividas y de oportunidades perdidas iba haciéndose cada vez más larga y pesada.

Estudié psicología por vocación (mucho antes de ser consciente de todo el trabajo personal que tenía por delante) y, aunque esa lista no paraba de crecer, lo supe sobrellevar hasta que entré en el mundo laboral. Ahí caí en picado y creo que ése fue el momento en el que decidí que no podía seguir ignorando el problema.

Desde entonces, no he parado de leer, de pedir ayuda profesional cuando lo he necesitado, de asistir a charlas y de aprender de todo lo que iba descubriendo que me hacía bien (yoga, alimentación, movimiento…)

Sinceramente, he perdido la cuenta de todo lo que he hecho en este tiempo.

Y aunque reconozco que aún queda en mí algo de esa tendencia escapista, en estos años he conseguido muchos pequeños-grandes avances y quiero compartir contigo todo lo que a mí me ha ayudado a conseguirlo. Por si a ti también te sirve.

Qué te puedo ofrecer

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Conocimientos

El título que (no) cuelga en mi pared dice que soy Licenciada en Psicología. Esa formación ha sido la base pero, además, he seguido leyendo muchísimo y aprendiendo por mi cuenta sobre ansiedad social así que creo que puedo decir que me he especializado en ello. Te explicaré todo lo que sé sobre el tema y trataré de hacerlo en palabras fáciles.
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Experiencia

Se suele decir que no es lo mismo saber algo como dato que saberlo como vivencia, y yo no puedo estar más de acuerdo. Mis mayores aprendizajes acerca de la ansiedad social no han sido gracias a ningún manual sino a mi propia experiencia. Sé por lo que estás pasando porque yo también he pasado por ahí. Y sé lo que se sufre porque a mí también me ha dolido.
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Apoyo

No voy a poder hacer las cosas por ti pero puedo -y quiero- acompañarte en el proceso dándote herramientas que te orienten y te ayuden en los días malos, en los “no puedo” y en las bajadas. Serás tú quien encuentres tu propia salida pero no estarás solo. Te pondré en contacto con otras personas que están en tu misma situación para que podáis ayudaros mutuamente.

Mi filosofía de trabajo

  • No me verás adoptar el papel de la profesional que todo lo sabe ni prometerte felicidad a tiempo completo si compras mi curso. Soy bastante honesta con eso y lo único que puedo asegurarte es que voy a implicarme y ayudarte hasta donde sepa (o pueda).
  • Te confieso que no me siento nada cómoda dando consejos. En su lugar trato de que lo que escribo te sirva para que encuentres tú las respuestas que me estás pidiendo a mí.
  • Soy una psicóloga atípica. No te diré que en 7 sesiones está demostrado científicamente que con tal o cual terapia se cura la ansiedad social porque, aunque la teoría diga que sí se puede, sé por experiencia tan bien como tú que no es tan fácil. Es más, a mí nunca me oirás hablar en términos de cura.
  • No voy a restar importancia a tu situación. Si algo te preocupa y estás buscando cómo solucionarlo, es motivo más que suficiente para tomarlo en serio.
  • Pero tampoco haremos dramas. Quedarte en la posición de víctima e identificarte con la etiqueta de “fóbico social” no te ayuda.
  • Y sí, está claro que para superar los miedos no queda otra que enfrentarse a ellos. Pero no de cualquier forma ni a cualquier precio. El “si quieres, puedes” no siempre se cumple. Dejaremos de lado esas frases huecas de positividad que a veces hacen mucho daño.
  • Sólo hay una cosa innegociable: tendrás que responsabilizarte de tu proceso de cambio. La única persona que puede hacerlo eres tú. Eso sí, si quieres, yo te acompaño y te ayudo.

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