ansiedad en el trabajo

El miedo al trabajo tiene muchas caras.

La inseguridad cuando buscas tu primer empleo. El vértigo de tener que empezar de cero en uno nuevo. O las ganas de salir corriendo del trabajo en el que estás.

No sé cuál de todas será tu situación pero (-sea en una o en otra-) seguramente lo estés pasando mal. En un artículo que escribí hace ya algún tiempo, hablé de todo lo que implica vivir con este miedo; las sensaciones, los obstáculos, las consecuencias.

Hoy quiero tratar el mismo tema pero desde el otro lado; el de la acción.

Porque conocer lo que te pasa está bien (y es necesario) pero llega un momento en el que te das cuenta de que lo importante es centrarse en la solución y no tanto en el problema. Plantearse “¿qué puedo hacer para cambiar mi situación?”

      1. Tengo que buscar trabajo o empezar en uno nuevo y me da miedo
      2. Tengo ansiedad en mi trabajo

Tengo que buscar trabajo o empezar en uno nuevo y me da miedo

¿Acabas de terminar los estudios pero no te sientes preparado/a para entrar en el mundo laboral?

¿Llevas mucho tiempo en desempleo y estás asustado/a ante la idea de tener que comenzar en un nuevo trabajo?

1.  Reconoce el punto en el que estás


El problema no es que no tengas trabajo, es que tienes tantas ganas de tenerlo como miedo de encontrarlo.

¿Lo haré bien?, ¿seré capaz? ¿me adaptaré? Esas dudas que cualquier persona se plantea cuando tiene que hacer algo por primera vez o cuando tiene que empezar en un nuevo trabajo, tú lo has convertido en miedos que te paralizan.

Te alertan de que para no fracasar, es mejor no ponerse a prueba y estás cavando tu propia tumba. No buscas trabajo; mandas currículums con la esperanza de que caigan en saco roto y no te llamen; no acudes a las entrevistas; y/o rechazas puestos de trabajo.

Reconócelo. Sin medias tintas y sin excusas. No es la crisis, no es la falta de trabajo. La razón que te mantiene en la situación en la que estás es el miedo a no saber, a no valer, a fallar, a sentirte inútil, a que los demás lo sepan.

2.  Acéptalo. Acéptate


Nadie elige sus miedos ni quiere pasarlo mal.

Por la razón que sea (-no importa cuál-) te asusta enfrentarte a un nuevo trabajo y lo que ahora toca es buscar la manera de derribar esa barrera, no darte de cabezazos contra ella. 

El enfado, la lucha, la culpa y el reproche por ser o sentirse así, de poco sirven.

3.  No te obsesiones con ello


Tener miedo al trabajo no es una dificultad tonta que se vaya a solucionar por sí sola ni que no tenga importancia.

Tienes que responsabilizarte y saber que vas a tener que poner mucho de tu parte para darle la vuelta al problema, pero no dejes que invada todo tu tiempo y tus energías.

La vida tiene muchas parcelas. El trabajo es sólo una de ellas y no tiene por qué contaminar y ensombrecer las otras (familia, amigos, pareja, ocio, aficiones, estudios, descanso…). Da a cada cosa su espacio. Si tu vida laboral va en picado, al menos, date permiso para desconectar y disfrutar de lo que sí que tienes y sí va bien.

Desde la preocupación y la angustia, con el agobio metido en el cuerpo, no se encuentran soluciones.

3.  La oportunidad es ahora


Decir «todavía no estoy preparado/a», «lo haré cuando tenga más confianza en mí mismo/a», «cuando esté más fuerte», «cuando no tenga tantas inseguridades» o  «cuando me vea capaz» es una sutil forma de autoengaño.

¿Por qué ahora no pero después sí? ¿Qué va a ser diferente la próxima vez?

La confianza en uno/a mismo/a no se consigue un día de golpe. Por desgracia no funciona así sino en el orden inverso. Tienes que hacer cosas A PESAR de hacerlas con miedo. Y a base de hacer, de intentarlo, de equivocarte y de acertar, las cosas van saliendo y vas ganando de a poco esa seguridad.

Éste es tan buen o mal momento como cualquier otro.

4.  Empieza por lo menos difícil


superar miedo a trabajar

La única manera de vencer el miedo a volar en avión es: volando en avión. Pero ¿a qué a nadie se le ocurriría comprar un vuelo de Madrid a Tokio como primer viaje de prueba para superar ese miedo?

Pues aplica el mismo sentido común a tu situación.

Hay trabajos que te van a exigir menos esfuerzo, que van más contigo, que te van a hacer sentir más cómodo/a.

En esto, sólo tú tienes las respuestas. ¿Qué cosas se te dan bien? ¿qué tipo de trabajos te gustan? ¿para cuáles te sientes más preparado? ¿o cuáles te dan menos miedo?

Elabora una lista de posibles empleos «menos ansiógenos» y empieza a intentar –de verdad- encontrar oportunidades. Haz justo todo lo contrario a lo que has estado haciendo hasta ahora. Entrega currículums, acude a las entrevistas y no rechaces trabajos (cuando la única razón para hacerlo sea por puro miedo).

Como los aviones cuando alcanzan la velocidad de no retorno: una vez que te pones en marcha, es más difícil parar o salir huyendo.

Pero si no puedes saltar el muro, quizás tengas que rodearlo. Prueba con alternativas.

Busca trabajos de media jornada en lugar de 40 horas semanales. Eso te dará la oportunidad de exponerte a los miedos pero te dejará margen para poder rebajar los niveles de ansiedad y volver al día siguiente con energía renovada.

O busca opciones de voluntariado, prácticas, becas… Algo que sea menos exigente y que no te presione tanto pero que te haga salir de casa y hacer frente a situaciones nuevas.

Lo que sea, pero algo.

5.  Ni expectativas demasiado altas ni autoexigencias


Olvídate del “esta vez no puedo fallar” o el “es mi última oportunidad”.

Si pones condiciones al cómo tienen que ser las cosas para estar bien, lo más probable es que termines sintiéndote mal porque no salga como esperas.

Rara vez el camino es un camino de rosas.

Cuenta con que en ese nuevo trabajo tendrás días bajos, de recaídas, de inseguridades, de batacazos. Que habrá cosas que no dependan de ti (como las turbulencias en algunos vuelos -o los malos jefes-). Que cometerás errores y que la ansiedad aparecerá de nuevo en algún momento.

Cuando eso suceda, no entres en pánico, simplemente, recuerda que es parte del proceso. No se cambia de la noche a la mañana. Pero estás en ello.

6.  Haz algo con tu tiempo


Mientras llega esa nueva oportunidad, no te quedes quieto/a. Peor que estar sin trabajo es estar sin hacer nada.

Si te abandonas, si te recluyes en casa y te pasas las horas autocompadeciéndote de tu vida, se hará más grande tu sentimiento de inutilidad y será fácil caer en estados depresivos.

Aprovecha para llenar tus días con cosas que merezcan la pena, que te impulsen, que den sentido: Lee, haz ejercicio, aprende un idioma, sal a pasear por la naturaleza… Invierte en ti mismo

Tengo ansiedad en mi trabajo

Para algunas personas su trabajo es su infierno en la tierra.

Pasan noches de insomnio dándole vueltas a lo que van a tener que hacer al día siguiente; se despiertan con el corazón a mil cuando suena el despertador; van al trabajo como si fueran corderos camino del matadero; y sufren horrores desde que entran hasta que salen de allí.

¿Es tu caso?

1.  Que tu trabajo no te diga lo que vales


En el fondo del fondo del fondo, el problema tiene su raíz en una idea que te está haciendo mucho daño: «valgo por lo que hago«.

Cuando de pequeño te preguntaban qué querías ser de mayor o, cuando de mayor, las personas te preguntan «¿a qué te dedicas?» te hacen creer que tienes que hacer algo, para ser alguien.

Pero no es así. Tu valor como persona está más allá de lo bueno o malo que seas en tu trabajo, de tus logros, de tus éxitos, de tus capacidades. En realidad no tienes que demostrar nada a nadie. Ni siquiera a ti mismo/a.

Cuando seas capaz de quererte (incluso cuando estés sin trabajo, o con un trabajo mal visto, o mal pagado), no le darás tanta importancia al qué estás haciendo ni a lo que piensen los demás.

Eres suficiente, seas o no el trabajador del mes de tu empresa.

2.  Mata a tu tirano perfeccionista


El perfeccionismo tiene mucho que ver con la ansiedad en el trabajo, así que una de las primeras cosas que vas a tener que hacer para dejar de pasarlo mal es, precisamente, eso: rebajar tu nivel de perfeccionismo.

Para los no-perfeccionistas es muy fácil. Te dicen que no te compliques, que piensas demasiado, que no pasa nada por equivocarte, que las cosas -mejor hechas, que no hechas-.

Pero tú lo intentas y cada vez que cometes un error o haces algo mal, aparece la vocecita de tu cabeza para atormentarte. Para hacerte sentir el último de la clase y el más tonto de la empresa.

En realidad, tienen razón: la única manera de bajarle decibelios a la maldita voz de tu tirano es vincularse a la acción y desvincularse del resultado. Hacer. Tomar decisiones, sin entrar en bucle. Y aceptar que eres humano y falible, un error no es un crimen, no has matado a nadie.

Aprende de los más pasotas. Cierta dosis de «no es tan importante» nunca viene mal. Y una buena de dosis de humor, también. «Vale, soy el más tonto de la empresa, ¿y qué?».

3.  Rompe el patrón


Querer no volver a tener ansiedad en el trabajo no es realista. Tal vez tengas que reajustar tu objetivo y entender que no se trata de no bloquearse sino de aprender a desbloquearse.

Oirás una palabra de desaprobación, tendrás un mal día de esos en los que no das pie con bola o tu jefe te dirá que has hecho algo mal y, sí, aparecerán por inercia tus viejos patrones de respuesta y te verás de nuevo bloqueado/a por la ansiedad.

Prevéelo y piensa de antemano qué tipo de acciones puedes llevar a cabo para romper con el patrón. ¿Ir al baño?, ¿hacer un par de respiraciones profundas? ¿dejar lo que estabas haciendo y ponerte con algo más fácil hasta que puedas retomarlo?.

Busca tu «kit anti-ansiedad» y echa mano de él cada vez que lo necesites.

4.  La regla del «un día más»


Hace unos meses (-en los meses de no calor-) fui a pasar el día con unas amigas a un pueblo de la costa. Teníamos muchas ganas de ver el mar y se nos ocurrió descalzarnos para pasear por la orilla. El agua estaba fría, muy muy fría, tanto que dolían los pies. Recuerdo que mi primer impulso fue volver a ponerme las zapatillas y caminar por la arena. Pero no lo hice. Seguí caminando por el agua y, unos cuantos pasos después, ya no estaba fría, ya no dolía. Disfruté como una enana.

Te cuento esta anécdota para que entiendas por qué a veces es bueno tener cierto aguante al agua fría- al dolor-al miedo- a la ansiedad.

Las sensaciones desagradables dejan de serlo si permaneces el tiempo suficiente en ellas.

Si no abandonas, puede llegar el día en el que te sientas bien en esas situaciones del trabajo que ahora te resultan incómodas (o, directamente, insoportables).

Aplica la regla del «un día más».

Cuando estés en pleno pico de ansiedad porque todo te está saliendo torcido y te entren unas ganas locas de huir y de dejarlo, no te aceleres. Ponte la condición de no tomar la decisión en caliente. «Hoy no, voy a probar un día más».

Funciona porque si lo piensas mirando a lo lejos, te sobrepasa. En cambio, pensar «un día más» te da la fuerza de intentarlo. Es algo asumible, te ves capaz de soportar «sólo un día más».

Además, lo bueno es que no todos los días son días malos ni tienes la ansiedad por las nubes ni sufres. Alternando los días malos con los buenos, es cuando te vas dando la oportunidad de enfrentarte a la situación, de coger más confianza en ti y de matar al miedo.

5.  No te mereces estar mal por esto


¿De verdad crees que esa mierda de trabajo merece tus lagrimas y los malos ratos que te llevas?

Puedes hacer frente a este miedo desde el cabreo. Si no les gusta como trabajas, si de verdad tan mal lo estás haciendo, que sean ellos los que te echen.

Aprende también a decidir hasta cuándo y hasta dónde. Todos sabemos que hay ser responsables y no abandonar al primer traspiés pero nunca a costa de tu salud. Si cruzas esa línea y la situación te supera, plantéate si merece la pena seguir así.

Una retirada a tiempo a veces es la mejor decisión .

No pasa nada, no lo conviertas en un fracaso, en un motivo más para flagelarte. Quizá no es tu momento o no es el trabajo que ahora puedes hacer. Cuando vuelvas a verte con fuerzas, vuelve a intentarlo de nuevo.

Nunca, ninguna, es la última oportunidad que tienes.

6.  Eres más fuerte de lo que crees


La gente asocia tener miedo al trabajo con personas débiles pero qué equivocados están.

¿Quién es capaz de enfrentarse todos los días (-día sí y día también-) a sus miedos?.

Los que tienen vértigo a las alturas, no se suben a la Torre Eifell y viven su vida con pie en tierra firme. Se pierden una experiencia que tal vez les gustaría tener pero, si no se ven capaces de hacerlo, lo evitan y nadie les señala con el dedo.

Tú no. El miedo al trabajo no es algo que se pueda esquivar. Tú estás ahí, al pie del cañón. Intentándolo una y otra vez. Reconócete el mérito.

***

¿Qué otras estrategias utilizas para hacer frente al miedo al trabajo? Cuéntanoslo en los comentarios y ayuda a otras personas. Siempre podemos aprender de lo que han hecho otros para superar la parte en la que nosotros estamos encallados.


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231 comentarios

  1. Les voy a contar mi historia resumida, hace un año exactamente, después de mucho buscar, alguien me dio la oportunidad de entrar a trabajar a un lugar completamente nuevo para mi, nuevo en todo!!!
    yo sufro ansiedad, he tomado medicamento, tuve agorafobia y mi vida era sufrir y sufrir… cuando me hablaron para entrar al trabajo, mi vida se puso horrible todo era ansiedad fueron 2 semanas sin dormir esperando el día que iba a entrar, en lugar de estar contenta porque iba a tener dinero e iba a dejar de pasar malos días por mi situación económica, no, todo era horrible.
    Pues llego mi primer día de trabajo, y tuve que tomar tafil, pero en una semana… me di cuenta de algo, se me quito la ansiedad.
    hace año que trabajo y no he de mentir hay días que me ha dado pero si no estuviera trabajando me daría mas. así que el consejo que les puedo dar, no tengan miedo, hagan las cosas tenemos que luchar día a día contra la ansiedad. solo los que la padecemos sabemos que es muy dificil pero no imposible.
    animo a todos!!! y disfruten y amen su trabajo, aunque no sea algo que nos guste debemos encontrar la manera de disfrutarlo, o si no pues cada 15 días dense un gustito y habrá valido la pena!
    saludos a todos

    • Estoy en la misma situación amiga. Hace 2 años no salgo a ningún lado solo de mi casa , siempre con mi vieja y ahora llego el momento de ir a trabajar al centro de mi ciudad y tengo mucha ansiedad por el primer día que está por llegar .. espero resistir la ansiedad del viaje hasta llegar al trabajo y poder contar una historia feliz como la tuya …

  2. Hola Elizabeth, me gustaría saber cómo estas ahora. Leí con mucha empatia tu historia, ya que sufro de lo mismo, y me sentí muy identificada. Hoy acabo de empezar en un trabajo muy bien remunerado, pero el ambiente es todo lo que odio, quiero huir ahora mismo, además de que son 10 horas en el trabajo al día, toda una tortura. No se que hacer con mi vida, también tengo el anhelo de quedarme en casa y que mi novio me mantenga, pero el está sin empleo y ya tenemos 28 años. Mis padres ya no están siendo comprensivos conmigo y quieren que trabaje, no se que hacer….

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