Si ahora mismo pudieras volver a nacer y te dejaran elegir entre ser tú misma/o (y tener ansiedad social) o ser otra persona (y no tenerla)… ¿qué elegirías?

Ser otra persona y no tener ansiedad social

Cuando hablamos de la ansiedad social casi siempre lo hacemos desde el dolor, desde el rechazo, desde el “no quiero ser así”, “¿por qué no puedo ser como los demás?”, “si no fuera por la ansiedad social… haría tal o cual cosa”.

La maldecimos porque nos hace la vida muy cuesta arriba.

Recuerdo que, hasta hace no mucho, cuando alguien hacía la típica pregunta tonta de cuál es el súper-poder que te gustaría tener, yo siempre pensaba para mis adentros: el poder de reinventarme. No era el querer empezar una nueva vida distinta a partir de ese momento (que también)… En realidad, mi deseo más profundo era poder reinventarme hacia atrás. Girar las manecillas en sentido contrario y recuperar los años y las oportunidades perdidas. Tenía la convicción de que, si no hubiera tenido que lidiar con las limitaciones de la ansiedad social, mi vida habría sido mejor.

Supongo (bueno, mejor dicho, sé) que si la posibilidad de volver a nacer fuera real y me hubieran planteado tener que tomar esa decisión por aquel entonces, probablemente hubiera elegido ser otra persona. Alguien sin ansiedad social. Sin mi problema. Sin el problemón. Porque, sí, para mí la ansiedad social era la culpable de todos mis males.

Si ahora tú estás en el mismo punto en el que yo estaba, metida en el fondo del pozo, atravesando momentos duros; o si eres de los que ya te has dado por vencido, de quienes ya se han resignado porque creen que no pueden cambiar… te habrás identificado con esa sensación de no estar contento/a con tu vida y preferir ser otra persona.

Es normal. En el fondo, todos hacemos lo mismo: buscamos el placer y tratamos de evitar el dolor. Y -bien sabemos quiénes pasamos o hemos pasado por ello- que la ansiedad social hace demasiada pupa. Escuece, raspa, duele. Convierte cosas sencillas en obstáculos que parecen insalvables.

¿Cómo vamos a elegir sufrir, pudiendo no sufrir?

Ser tú y tener ansiedad social

Hay algunos “locos” y “locas” (entre los que yo también estoy ahora) que –pese a todo- elegirían la primera opción: ser ellos mismos y volver a vivir su vida tal cual ha sido (con ansiedad social incluida en el pack).

La verdad es que cuesta llegar a esta conclusión pero, cuando lo haces, algo cambia. La aceptación es el punto de inflexión.

Mientras estás enfadado con el mundo y contigo mismo porque tu vida no ha sido o no es como te gustaría; no avanzas, no construyes, no estás bien. Pero si le das la vuelta y en lugar de lamentarte con un “¿por qué me tocó a mí esto?”, te preguntas “¿qué puedo aprender yo de esto?”… te das la oportunidad de transformar algo negativo en algo positivo. O al menos, en algo con sentido.

Hasta las experiencias malas traen cosas buenas. Y la ansiedad social, por supuesto, también. Aunque a veces no lo veamos.

No sé si será en todos los casos, pero al menos en el mío y según algunos estudios científicos como éste, las personas con ansiedad social tenemos muy desarrollada una gran cualidad: la empatía. Tenemos la capacidad de reconocer y de conectar con las emociones y con los puntos de vista de otras personas. Somos más sensibles, sabemos leer entre líneas, descifrar más fácilmente el lenguaje no verbal y captar las señales que para muchas personas pasan inadvertidas. Nos ponemos en la piel del otro. Y yo añadiría: sin juzgarle.

Lo hemos pasado tan mal por el miedo a ser juzgados, criticados y rechazados, que tratamos de no caer en ello con los demás. Con razón suelen decir que sólo el que sufre, sabe entender el sufrimiento. Y es así. Cuando te ha dolido, comprendes el dolor ajeno (aunque esta vez la bala no te haya tocado a ti).

Además, puede que nunca te lo hayas planteado desde esta perspectiva, pero haberlo pasado mal, te ha hecho más fuerte. Sabes lo que es estar muerto de miedo y –aun así- haberte enfrentado en algún momento (o todos los días) a eso que tanto temes: ir al instituto, al trabajo, hablar con desconocidos o cualquiera de esas situaciones cotidianas que no son hazañas épicas ni logros extraordinarios pero que para ti suponen un reto. A eso se le llama valentía y demuestra que aunque nos creemos débiles por tener ansiedad social, en verdad somos fuertes. Seguimos en camino a pesar de las dificultades y de las cuestas empinadas.

Y lo mejor de todo es que, haber tenido que pasar por ellas, nos hace saber disfrutar y apreciar más los buenos momentos. Ya sabes, hasta que no enfermas, no te das cuenta de lo importante que es tener salud, ¿no? Pues algo así. Quienes han estado muy mal, saben ver lo bien que se está cuando se está bien.

Así que no, no quiero ser otra persona. No sé si mi vida sin ansiedad social hubiera sido mejor o peor. Ya no me lo planteo porque, simplemente, no hubiera sido mi vida. Es la que es. Soy como soy por la suma de todo lo que he vivido y tener ansiedad social me ha enseñado muchas lecciones. Obvio; hubiera preferido aprenderlas sin tanto dolor ni sufrimiento. Pero me temo que a todos nos toca una dosis, más o menos grande, de eso. Incluso los que parecen tener vidas perfectas, también arrastran fantasmas y problemas. El nuestro ha sido éste pero, por duro que sea, créeme, hay otros también muy difíciles.

Al final de lo que se trata es de hacerlo lo mejor que se pueda con lo que hay. Y de aceptarlo. De poco sirve patalear o pedir imposibles porque no, no vas a poder echar el tiempo hacia atrás… aunque a veces algunos hayamos imaginado cómo sería. ¿Tú también?

¿Eres de los que elegirías ser otra persona (y no tener ansiedad social) o ser tú mismo/a? ¡Comparte tu decisión con los demás en los comentarios!


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11 Comentarios

  1. Hola, soy Marcela. Tengo ansiedad social y, tal como dice el articulo, durante mucho tiempo sufrí de más…pensando en lo dificil y fea que era mi vida.Hace un tiempo mi hijo adolescente comenzó a manifestar una serie de síntomas, confirmamos luego que tambien tiene ansiedad social.Así que tuve que hacerme mas fuerte y acompañar a mi hijo en esto que conozco tanto. Esta tarea me ayudó muchísimo a mí también.Totalmente de acuerdo…la aceptacion de como somos es el primer y mas importante de los pasos si queremos ser felices.Me encanta este espacio!ojala mi comentario sea util

    • ¡Gracias por compartir tu historia personal, Marcela!. Tu hijo tiene mucha suerte de contar contigo. Sabes por lo que está pasando y eso le va a ayudar mucho. Ánimo y fuerza, que de esto se sale fortalecido. Pasaros por el blog siempre que queráis.

  2. Es un punto de vista que no habia contemplado y aun asi se cuesta hacerme a la idea. Supongo que todavía no he asumido nada.
    En cuanto a mi opinión, elegiría ser alguien diferente, motivada por la curiosidad de saber como “hubiera sido si”. Aunque, admito, que antes de leer la entrada me imaginaba como alguien con mas exito o satisfacción. Pero ahora nada parece tan seguro e ideal..
    Me gusto el tema de esta semana. Muchas gracias por compartilo con nosotros!

    • ¡Gracias a ti por volver a pasarte por aquí y comentar! El tema del post de hoy es la respuesta a una de las personas que leen el blog, que me planteó la pregunta y me propuso que escribiera sobre ello. Que sepáis que es algo que podéis hacer: si queréis que trate algún tema en concreto que os preocupe o que os interese ¡decidme! y si puedo aportar algo, escribiré un artículo con la idea 🙂

  3. Gracias por el texto, comparto tu opinión. No elegiría dejar de ser yo en ningún momento. Estoy agradecido de ser como Dios me ha hecho.

    Creo que también hay que tener en cuenta una cosa. Muchas veces dividimos el mundo entre el yo y los demás. Nos olvidamos de que los demás no son lo que vemos; son un montón de “yo-es” que también tienen sus problemillas. Nadie es el centro del mundo, aunque sintamos que todo gira a nuestro alrededor. Es decir, vemos a la mayoría de la gente como si tuvieran vidas normales y nosotros nos vemos como seres diferentes o extraños en los que todo el mundo se está fijando. Pero esto es sólo obra de la mente.

    En realidad no hay nadie 100% normal, no existen vidas estándar. Si pudiéramos grabar con una cámara de vídeo las vidas de todos los seres humanos del planeta, desde el minuto cero hasta el último suspiro, incluyendo la voz en off de todos sus pensamientos, nos convenceríamos de que en más de una ocasión todo el mundo ha tenido sus más y sus menos, o problemas enormemente graves que ni sabíamos. De que nadie tiene una vida perfecta, que todos han hecho algo que no tenía que haber hecho y que, si aplicáramos a los demás la misma rigurosidad con la que nos juzgamos a nosotros mismos, no se salvaba ni el Tato. Porque todo el mundo falla en algo en algún momento, incluso los más extrovertidos, incluso en relaciones sociales. No hay una fórmula mágica que sirva para todo y para todo el mundo siempre. ¿Por qué auto-juzgarse entonces?

    Hay muchas personas que pueden ser aparentemente “normales”, incluso parecer felices, pero todos experimentan emociones agradables y desagradables en algún momento. Y todos tienen algo de lo que se avergüenzan, aunque no siempre se auto-juzguen, aunque socialmente puedan cumplir con el prototipo de “persona normal”. A veces nosotros lo cumplimos también, pero mientras los demás nos perciben como normales, el exceso de “autoconciencia” nos hace sentirnos diferentes o extraños. Nos hace sentirnos así por ahora, porque esto también se puede modificar.

    Unos tienen unas cosas y otros tienen ansiedad social. Bueno, ¿y qué? 🙂 La realidad no es estática. Se modifica mediante la acción. Y nuestra tarea consiste en aprender a actuar más y pensar menos, o mejor dicho, pensar sólo lo necesario y pensar bien. Ni siquiera la gente que no tiene ansiedad social lo hace bien durante todo el tiempo; a veces lo hacen bien y otras veces fallan. Ellos también están aprendiendo porque cada situación es única y la realidad es imprevisible. Se puede disfrutar de la vida exactamente igual.

    Sólo cuando nos obsesionamos con juzgar las cosas y juzgarnos a nosotros mismos, con ponernos una etiqueta de “bueno” o “malo”, de hacer una photo finish de nosotros mismos para emitir un veridicto de culpabilidad, es cuando nos sentimos mal. La carrera no ha terminado y sólo tienes que superar tus propias marcas. No se reparten notas. Es sólo un entrenamiento.

    Veo que hay una especie de modelo o modelos de persona a los que la mayoría de la gente intenta emular. Y ese tipo ideal de “hombre-perfecto” o “mujer-perfecta” se manifiesta mucho a través de las películas, de lo que dicen nuestros padres, nuestros amigos, etc. Más de lo mismo. No hay ningún baremo. En realidad es un ideal de lo que nos gustaría ser. Pero nadie es realmente así, ni siquiera los que lo pregonan. Y aunque lo seas, en algún momento te harás viejo, te saldrán canas y ya no serás tan perfecto 🙂

    ¿Por qué no divertirse siendo simplemente quien eres, mientras vas sumando pequeños logros?

    En fin, me he extendido un poco en la reflexión. Espero que os pueda ser útil.

    Saludos.

    • Gracias por la reflexión. Poco que añadir 🙂 O mucho, porque hay varias ideas interesantes de lo que dices que dan para extenderse y escribir sobre ello en otros artículos. Tomo nota!

  4. Me ha gustado el post, es interesante el tema que planteas y además coincido contigo en la empatía o la sensibilidad -que me definen-, entre otras cualidades.

    Pensándolo bien, y aunque muchas veces he deseado no tener las dificultades que he tenido, no sabría ser otra persona, o tener otra vida. No me veo renunciando a lo que me gusta de mí, así que me quedo conmigo mismo, con todo lo que implica

    Saludos!

    • Es cierto. Nos centramos tanto en nuestras dificultades que no vemos lo bueno que tenemos (que suele ser mucho también) Así que sí, habrá que empezar a saber mirar y valorar nuestras cualidades 🙂

  5. Yo elegiría ser otra persona sin fobia social, ya que desconozco mucho de lo que soy y no me me importaría! Ya ni se lo que soy ni lo que me gusta 🙁

  6. Lo que mencionas es algo que lucho con ello. Trato de ponerme en situaciones donde debo actuar. Pero en el pasado he preferido escapar de lo que no era grato. En vez de afrontarlo, el resultado que siento que perdí varias experiencias que hubieran sido positivas en mi vida.

    Si hubiera querido no tener fobia social, no me imagino no ser otro porque no sería yo. Pero no fue así y basta con seguir y afrontar lo que nos queda de la mejor manera. Si no se puede o no te entienden.. Pues ni modo…

    Saludos

  7. Me puse a pensar en ello, y creo que no, decidiría ser yo mismo y tener mi ansiedad, aunque es algo que verdaderamente hace la vida mas complicada, gracias a ella es que puedo ser mas fuerte y puedo ser yo mismo. Yo nací así, y nadie ni nada lo cambiara.

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