vulnerabilidad y estigma social

 

¿Cuántas personas conocen tu problema de ansiedad social? 

Seguro que es una de esas partes de ti que tratas de no mostrar a los demás. ¿Me equivoco?

La verdad es que es complicado saber a quién y cómo contarlo. ¿Es mejor decirlo o guardar silencio?, ¿mentir o decir la verdad?, ¿a unos sí pero a otros no?, ¿confiar en los más allegados o abrirnos a personas fuera de nuestro entorno que no nos condicionan tanto?

Cuando en uno de los post anteriores hablé sobre la dificultad del diagnóstico de la fobia social  no incluí una de las razones de mayor peso por las que los profesionales de la salud mental no aciertan a detectar el problema: la autocensura. Por vergüenza no le cuentas lo que pasa por tu cabeza, tus miedos más profundos ni tus dificultades reales y así es muy difícil.

Ser capaz de decir en voz alta lo que te dices en voz baja es aceptar, sin condiciones, que la fobia social está ahí.

¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo?

Analicemos dos posibles explicaciones: vulnerabilidad y estigma social.

La vulnerabilidad

En una de las charlas TED más populares, Brené Brown, habla de la vulnerabilidad como el núcleo de la vergüenza. Y de la vergüenza como el miedo a la desconexión, a no ser aceptado/a por los demás.

Nos han vendido la idea de que tenemos que ser perfectos y felices a tiempo completo y casi todos hemos comprado esa idea sin cuestionarla. Mala cosa: nos hemos convertido en víctimas y verdugos de ella. Nos avergonzamos de nuestras imperfecciones, ocultamos nuestros problemas y no dejamos ver a los otros quienes somos de verdad porque tememos el juicio negativo que los demás puedan hacer sobre nosotros/as.

¿Si se enteran de esta parte de mí me rechazarán?, ¿sentirán pena?, ¿me verán como alguien débil? ¿raro?, ¿me entenderán?. Son estos miedos los que no nos dejan mostrar la vulnerabilidad y decir abiertamente que tenemos fobia social.

El estigma social

Tampoco juguemos a los mundos de color de rosa y unicornios. No gritar a los cuatro vientos que tenemos fobia social es, en buen parte, una respuesta inteligente de supervivencia. Y lo es porque, además de nuestros propios miedos de los que ya hemos hablado, hay otro gran obstáculo que salvar para dar el paso de reconocerlo: el estigma social.

La mayoría de las personas no entienden qué es, están cargados de prejuicios, ignorancia, o las dos cosas. Sucede con la fobia social y con tantas otras cosas: enfermedades como la esquizofrenia, el sida, la lepra, grupos sociales en exclusión y un largo etcétera.

Visto así el panorama, parece entendible hasta cierto punto nuestro silencio. Pero, ¿qué pasa si todos nos quedamos escondidos en la madriguera?

Kevin Breel es un valiente. Se ha atrevido a dar el paso de reconocer ante el mundo que sufre depresión. Sustituye depresión por ansiedad social y disfruta de la gran lección que nos da este joven de, por aquel entonces, 19 años.

Acción de la semana: Cuéntale a alguien lo que te pasa. Cuéntaselo a quien sepas que no te va a juzgar, a quien pienses que te va a apoyar, ayudar, empujar, animar. Da igual si es una persona de tu círculo más cercano o alguien fuera de tu entorno. Lo importante es empezar a normalizar tu problema verbalizándolo, compartiéndolo con alguien. 


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4 Comentarios

  1. La verdad es que he pensado pocas veces en este tema., por lo que comentas de la autocensura. Fuera de profesionales o de las personas con las que he participado en alguna terapia de grupo, nadie conoce mi problema. Nunca lo he comentado con familiares ni amigos (los pocos que tengo). Me es casi inimaginable hacerlo. La razón está en los dos temas que has planteado y también en que no creo que me comprendieran (por lo menos la gente que tengo alrededor), aunque pienso que con las personas adecuadas podría tener un efecto benéfico.
    O en todo caso contarlo solo por dejar un testimonio de mis sufrimientos. Lo que no se puede cambiar, por lo menos hay que contarlo…

    • Se trata de eso; de contarlo a las personas adecuadas. Ésas que (aunque igual no lleguen a entender del todo lo que te pasa), sabes que te van a apoyar. Si terminas haciéndolo, ya nos contarás qué tal fue!

  2. Gracias por tu blog. Lo encontré hoy y llevo largo rato leyendo. Estoy en un mal momento, con mucho malestar. Estoy haciendo terapia psicoanalítica y no veo mejorías, estoy muy deprimida y con miedo a hacerme daño o enloquecer. No entendía por qué no me “servía” la terapia, pero pienso que le digo a la psicóloga el 25% de lo que siento, me da mucho miedo decirlo. Me gustaría poder abrirme y afrontar lo que me pasa

    • Hola Micaela, Cuesta mucho hablar de todo lo que sentimos/pensamos pero a veces es necesario aprender a soltar y compartir también esa parte de nosotras. Mostrar los miedos y la vulnerabilidad en realidad es un acto de fortaleza. Te animo a que te abras con tu psicóloga, porque ése es precisamente un espacio en el que se puede hacer. Si lo haces y sigues sintiendo que no “te sirve”… Busca otros profesional, otras corrientes de psicología, lee libros sobre ello o lo que sea que te ayude. Prueba e intenta todo lo que puedas pero no dejes que los pensamientos de hacerte daño se hagan más fuertes. Si lo necesitas, escríbeme. Un abrazo

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